FORO XXI

Este Blog sirve como medio de comunicación y debate, en todos aquellos asuntos que requieren la atención del hombre y de la mujer del siglo XXI. Los comentarios que se viertan en las distintas cuestiones abordadas, respetando siempre a las personas que los hagan, servirán para el enriquecimiento de todos. Se pondrán los medios necesarios, para que los diversos idiomas de los participantes, no sean obstáculo para conseguir la mayor difusión de estos coloquios.

Monday, February 02, 2004

EDUCACIÓN VIAL

De acuerdo a los datos publicados en el número de diciembre de la revista Tráfico (de la DGT), según estudios realizados por un catedrático de Seguridad Vial de la Universidad de Valencia, “los accidentes de tráfico son la primera causa de muerte en los jóvenes de 18 a 24 años”.

También deben tenerse en cuenta los cientos de miles de heridos, muchos de los cuales quedan con importantes lesiones para toda su vida.

Pero aparte de estos datos, de por si elocuentes para plantearnos la urgente adopción de medidas, en este estudio se afirma que “los hijos reproducen los comportamientos al volante de sus padres, de forma que de progenitores infractores suelen venir jóvenes infractores”.

En educación siempre se alude al ejemplo de los padres, como parte fundamental en el proceso formativo de sus hijos, algo que en este caso no sólo tiene su importancia como parte del desarrollo madurativo del joven, sino que está en juego su propia vida.

Como se ve, saltarse un semáforo al volante (con los hijos en el automóvil), tiene más implicaciones que las acaecidas en ese momento.

Debemos plantearnos dar un buen ejemplo a quienes nos acompañan, y así disfrutar de un feliz viaje.

Sunday, February 01, 2004

JÓVENES Y ALCOHOL

Aunque existe gran preocupación por el elevado número de jóvenes que consumen alcohol en nuestro país, sin embargo no se encara adecuadamente este grave problema, resultando muy insuficiente y sesgada que se ofrece a los jóvenes.

Como se recoge en el número de febrero de la revista “Dejóvenes” de la Comunidad de Madrid, “el consumo abusivo está generando consecuencias en la salud de los menores que pueden ser mortales en un futuro. Muchos desconocen los efectos que el alcohol produce en su cuerpo y las secuelas de estos efectos a largo plazo”.

Para evitar accidentes, la Fundación Alcohol y Sociedad está favoreciendo la figura del “conductor alternativo”, consistente en que cada noche hay un amigo que no bebe, para poder llevar a su casa al resto. Entiendo las buenas intenciones de esta medida (de hecho se ha conseguido reducir la siniestralidad), pero lamentablemente no enfocan la raíz del problema, pues de alguna manera toleran el alcohol como elemento imperante en la diversión de los jóvenes.
No podemos seguir mareando la perdiz, tanto los padres, como los profesionales de la enseñanza, los políticos y demás responsables sociales, debemos fomentar entre los jóvenes muchas más alternativas para su ocio, su tiempo libre no debe estar enfocado exclusivamente en la noche y el alcohol.

TODO TIENE SU TIEMPO

José María Guijarro, en su artículo titulado: “La tecnología, la Pyme, el tiempo y la prisa”, publicado en el número de marzo, de la revista Focus (de la Asociación Industrial de Óptica, Color e Imagen), nos hace ver como se ha instalado en nuestra sociedad el “cáncer” de la prisa.

Poniendo el ilustrativo ejemplo de Paulo Coelho, quien en una de sus obras utiliza el crecimiento del bambú chino, que al final del quinto año, alcanza unos 25 metros de altura, nos hace ver que todo es esta vida requiere un tiempo para madurar y poder dar fruto.

Y si nos paramos un poco y miramos a nuestro alrededor, podemos observar como todo es prisa y aceleración. Además del reloj de muñeca, tenemos el reloj de la agenda electrónica, el de la pared de nuestro lugar de trabajo, hasta en el ordenador tenemos un reloj, pero en lugar de ayudarnos a ordenar nuestro ritmo diario de trabajo, lo que consigue es acelerar nuestro ritmo cardiaco, pues parece que al mirarlo se transforma en un juez implacable que nos recrimina el no haber realizado todavía determinada tarea, o que llegaremos tarde a nuestra cita.

Entre las cosas que hoy día demandan nuestra atención con mayor importancia, es aprender a saber vivir en estas circunstancias, sabiendo dar tiempo al tiempo, a cada uno de los distintos procesos diarios, especialmente al propio hecho de aprender, pues como bien apunta José María Guijarro: “si hay algo que requiere maduración, reflexión y tiempo es el proceso de aprender”.

Y esta reflexión en el proceso de aprender, es muy necesaria para la formación de los más jóvenes, de nosotros depende que sepan madurar con la suficiente calma, responsabilidad y profundidad, que su “tiempo vital” requiere.

Con la cercanía reciente de los duros acontecimientos que nos ha tocado vivir, podemos replantearnos si realmente esta prisa nos lleva a algún sitio, y llegaremos a la conclusión de que lo verdaderamente valioso y que merece la pena, debe tener su tiempo y su reflexión.

En uno de los campos donde más se debe aplicar todo esto, es en la educación, pues cada etapa tiene "su propio tiempo".

DAR TIEMPO ENRIQUECE MÁS

Es frecuente que oigamos de labios de los padres, frases más o menos de este tipo: “Quiero que mi hijo tenga lo que yo no tuve” o “mi hijo no tendrá la escasez de medios que yo tuve”...

Es evidente que estos pensamientos de los padres están bien intencionados, pues tratan de paliar y corregir una serie de privaciones que ellos tuvieron, en su infancia y en su juventud.

Y puesta la mira en ese objetivo, se compra la bicicleta que no tuvimos, y la moto, y el equipo completo de esquí, y el traje de neopreno, y el curso de inglés, y el móvil con cámara de fotos incluida...y el oso panda.

Por supuesto que no hay nada que objetar a todos estos bienes (bueno, quizás el oso panda, pues tenerle en la terraza de la cocina, del tercer piso donde se vive, no sea el lugar más adecuado, aunque el peque esté muy ilusionado con su mascota), y depende de la situación de esa familia y de las aficiones de sus miembros, es decir que en una familia puede ser normal el uso de ciertos medios, mientras que en otra resultaría fuera de lugar.

Por tanto, el acento no hay que ponerlo en el objeto en sí, sino en su conveniencia y utilidad, pero por encima de todo hay que pensar en el bien que se procura a la persona, es decir si ese determinado objeto servirá para el “enriquecimiento personal” del hijo. No se trata de hacer un estudio psicológico sobre la personalidad del hijo en relación con el objeto que se le regala, sino de actuar con sentido común, pensando en él como persona, y no como mero “consumidor”.

Por ejemplo, si ya tiene un balón de fútbol, para qué comprarle otro, mejor es esperar a que se estropee el que tiene, de la otra forma, valorará más al segundo y se acostumbrará a acumular juguetes, en lugar de disfrutar de lo que ya tiene. En el día de Reyes, nos hemos acostumbrados a inundar de juguetes a los niños: regalos de los padres, de los abuelos, de los tíos, del vecino del 4º..., al final los chiquillos quedan desorientados y no tienen ni tiempo de asimilar tal cantidad de regalos.

Los niños necesitan educarse en el valor que tienen los objetos y el esfuerzo que cuesta el conseguirlos, pues así valorarán más cosas en esta vida, desde el simple coste económico de ese determinado juguete hasta el tiempo de trabajo que han empleado sus padres en conseguirlo, y además entenderá el porqué hay personas que pasan necesidades, incluso para poder comer todos los días.

Más que utilizar la frase de: “daré a mi hijo lo que no tuve”, tendríamos que decir: “daré a mi hijo el tiempo que no tuve”, ya que es mucho más importante dedicar tiempo a los hijos (sobre todo tiempo de calidad, tiempo para toda la familia, ¡que instructivo es jugar tirados en la moqueta!...), algo que hoy día nos está faltando.

¿CUÁNDO LLEVO A MI HIJO AL PSICÓLOGO?

En primer lugar habría que establecer diferencias entre el psicólogo y el psiquiatra, pues no es lo mismo llevar al hijo/a a un especialista o a otro. Los psiquiatras se ocupan del tratamiento de las enfermedades mentales, es decir de aquellos trastornos relacionados con dolencias de tipo mental, mientras que los psicólogos se ocupan del comportamiento humano, es decir de todo lo que compete a los problemas relacionados con esa faceta de la conducta humana, su campo es amplísimo y abarca esferas de tipo conductual, adaptabilidad, carácter, etc. A veces no queda claro a qué especialista acudir, pues determinado comportamiento puede tener su raíz en una cierta discapacidad de tipo mental.

Hoy día no resulta raro oír decir a fulanito: “voy a ver a mi psicólogo, pues no me acabo de relacionar bien con los compañeros de mi nuevo trabajo”. Aunque esto es así, no debemos: ni pensar que nuestro hijo está loco por llevarlo al psicólogo (ni está mal de la cabeza ni nada parecido) y tampoco, ante el menor cambio de carácter o actitud de nuestro hijo, llevarlo al psicólogo. La ayuda de un buen especialista hemos de valorarla en su justa medida, por eso en este breve artículo veremos algunas sencillas pautas para saber cuándo nuestro hijo necesita la ayuda de un profesional de la psicología.


En algunas películas (por ejemplo las de Woody Allen) es normal oír frases de los protagonistas en las que aluden a las opiniones de sus psicólogos.


En este artículo nos centraremos en los niños de 7 a 12 años, teniendo en cuenta el crecimiento psicológico de esos años, que es determinado en gran medida por el desarrollo físico y especialmente del desarrollo nervioso, lo que los especialistas llaman “secuencia del desarrollo”, del que no podemos olvidar el carácter biológico del ser humano, así como su carácter cultural y social.

Se dice que la maduración es responsable de que cada niño, en función de su edad, desarrolle una determinada conducta, por la cual tanto él como los que le rodean “proceden y actúan” de una forma consecuente. Por este motivo resulta entendible cuando se oye decir a algún padre: “a mi hijo le falta madurez”, o al contrario, un profesor hablando de un alumno: “tiene más madurez de la que corresponde a su edad”. Esto es así, pues además de ese desarrollo físico propio de la edad, el ambiente familiar y social, en el que se desenvuelve el niño, influyen notoriamente en su maduración. Para resumirlo en pocas palabras diríamos que la educación (en su sentido más amplio) recibida de parte de sus padres, adquiere para el niño la base más sólida para su maduración personal.

Una madre comentaba a otra, en la puerta del supermercado: “Luis, a pesar de tener 10 años, parece que tiene 7, por lo infantil que es, ¿cuándo madurará este chico?”.


Entre los 7 y los 12 años, estamos frente a unas edades especialmente “atractivas”, por un lado los niños/as han comenzado su vida escolar, con todo un mundo de relaciones sociales, aunque en la mayoría de los casos provienen de guarderías y escuelas infantiles, donde ya han tenido la experiencia de relacionarse con otros niños, pero es evidente que el cambio que observan al iniciar la Primaria es grande, pues entran en una relación más estable y de cierta “rigidez”, donde aparecen más delimitadas las normas y reglas que han de seguirse, tanto por parte del centro escolar, como en las relaciones entre los compañeros de la clase, entre los que empieza a surgir “la pandilla”, de la que ya nos ocuparemos más adelante.

Después de esta introducción, ya es el momento de concretar los motivos por los cuales, los padres deben valorar si deben llevar a su hijo/a al psicólogo:

· Hiperactividad
· Separación de los padres.
· Fracaso escolar.
· El miedo y las fobias.
· La timidez.
· El niño teleadicto, el superdotado, el mentiroso pertinaz, el que hace pequeños hurtos de forma continuada, etc.
· Dejamos al margen a los que se ha detectado un determinado cuadro clínico, a los que corresponde un tratamiento concreto, realizado por especialistas: enuresis (orinarse encima), anorexia, bulimia, autismo, psicosis, epilepsia, etc.

La Hiperactividad es un trastorno de la conducta, caracterizada básicamente por la imposibilidad de mantener la atención en una situación durante un periodo de tiempo razonablemente prolongado. Según algunos especialistas el porcentaje de niños hiperactivos se sitúa entre el 3 y el 7 %, siendo la mayoría varones.

Esta falta de atención de los niños se detecta en el colegio por una falta de disciplina, ponerse en un primer plano de la clase, excesiva actividad motora, continuos movimientos, inmadurez, carácter violento y agresivo algunas veces, dificultades perceptivas en el aprendizaje, cambios bruscos de humor, etc. Por este motivo, en caso de que los padres no lo hayan detectado antes, la información de los profesores es primordial.

Es muy importante tratar la hiperactividad en estas edades, pues en caso contrario se entraría en una adolescencia especialmente difícil.

Los tratamientos de la hiperactividad, dependiendo de su grado de valoración, pueden ser: farmacológicos, educativos y psicológicos (en bastantes casos con una correcta conjunción entre los tres). En muchos casos el acudir al psicólogo es la mejor solución, pues este especialista buscará esa conjunción, dando pautas para fortalecer una relación familiar estable, consistente, explícita y predecible, además de ayudar en el adiestramiento de destrezas sociales y terapias de conducta.





Los padres de Fernando (7 años) estaban un poco desesperados con su hijo, al que calificaban de un “poco” nervioso e inquieto, de hecho lo habían apuntado a un club de fútbol, para que se desfogará. Gracias al consejo de su profesor, lo llevaron a un psicólogo. Ahora, tanto los padres como ese profesor, tienen más información sobre como ayudar en el comportamiento de Fernando.

La separación de los padres constituye lamentablemente hoy en día, un problema creciente en nuestra sociedad, siendo los niños, protagonistas a su pesar.

Este hecho, entre los 7 y los 12 años adquiere una mayor dificultad. Si los niños tienen menos años, son menos conscientes y a mayor edad, de alguna forma su mayor madurez les ayuda a entender más fácilmente el cambio que va a suponer en sus vidas esta nueva situación.

Si se observan en los hijos síntomas como: cambios de humor constantes, ataques de ira, agresividad desmedida, excesiva timidez, mentir cuando antes no lo hacían, problemas en el colegio (malas notas, indisciplina...), peleas con los amigos, etc., todo esto nos lleva a asegurar que ese hijo no ha acabado de aceptar y comprender la separación de sus padres, si a esto se añade el hecho de que sus padres no acaban de “ponerse de acuerdo” en ayudarle a comprender esta nueva situación, y cada uno echa al otro la culpa de lo que ha sucedido, y si además tampoco se puede contar con la ayuda de familiares sensatos por cualquiera de ambas partes (abuelos, tíos, etc.), que sepan ayudar convenientemente al niño que sufre esta situación, la visita al psicólogo resulta imprescindible.

El especialista en psicología infantil hará comprender al niño, en primer lugar que él no es el culpable de esa situación y de que debe aceptar que sus padres no van a volver a vivir juntos, ayudándole a descubrir por él mismo el camino a seguir.


Javier de 9 años (sus padres se habían separado hacía 7 meses), me decía que gracias a la ayuda de un psicólogo, había descubierto que su nueva situación era la mejor, a pesar de no ver juntos a sus padres, pero ya no sufriría más, al presenciar diariamente –como antes- las peleas y gritos de sus padres.

El fracaso escolar constituye hoy día uno de los problemas más generalizados en nuestra sociedad, debido a la excesiva competencia, que a veces los propios adultos, volcamos en nuestros hijos.

De todas formas habría que diferenciar el fracaso escolar de situaciones, más o menos parecidas, pero que no dejan de ser relativamente pasajeras: a veces las notas del primer trimestre son un desastre, motivadas por haber perdido el hábito de estudio durante el verano, también se puede deber a la poca “sintonía” con determinado profesor, al cambio de Primaria a Secundaria, etc. Sin entrar en el Plan de Estudios español, articulado por la LOGSE, si debemos apuntar ciertas luces y sombras, es decir cuando hablamos de fracaso escolar, también deberíamos incluirnos los profesores (por aquello que no hemos sabido transmitir y corregir adecuadamente) y los responsables tanto técnicos como políticos, que en la elaboración de la ley, no han sabido incorporar en toda su justa medida los componentes intelectivos, instrumentales y disciplinares de todos los alumnos.

De una forma resumida, se puede decir que el fracaso escolar se produce cuando el alumno no obtiene los resultados que, de acuerdo a su edad y curso, se esperan de él, y no por tanto no alcanza los objetivos marcados a su nivel (en la docencia se diferencian los objetivos mínimos, fundamentales y de ampliación ó libres).

Los padres de Miguel (de 10 años), me preguntaron muy angustiados por la posible razón de que sus notas fueran tan bajas durante el curso, cuando nunca había tenido problemas de estudio. Al final la razón no era otra que no quería que sus compañeros le llamasen “empollón”.

Si los padres observan que las cosas no van bien en el colegio, deben buscar soluciones, en primer lugar en el propio centro docente, y si durante un determinado tiempo esto no ha sido posible, deben buscar ayuda en un especialista en problemas de infancia.

De todas formas antes de llegar a estas situaciones, los padres han de haber puesto una serie de medidas de simple sentido común, para crear en sus hijos, de acuerdo a su edad, un mínimo hábito de trabajo: una habitación (con su mesa e iluminación apropiada), un sencillo horario, evitar ver televisión y oír música en exceso (sobre todo cuando toca estudiar), interrupciones frecuentes, etc. Hoy día es notoria la falta de concentración de los alumnos, la mayoría de las veces motivada por una falta de exigencia en sus obligaciones familiares y académicas, facilitadas por un constante incremento de tiempo en la visión de programas televisivos. En bastantes casos se ha observado que un mayor cuidado por parte de los padres en estos campos, ha producido una notable mejora en el rendimiento de su hijo.

Los miedos y fobias pueden ser causa en algunos niños de problemas psicológicos. Aunque exactamente no son los mismo, las he agrupado en este apartado, por tener cierta relación, en algunos casos las fobias pueden acabar en obsesiones.

Los casos más frecuentes de miedos y fobias son: la oscuridad, el estar solos, las brujas, el coco, los perros, los truenos y relámpagos, etc.

Se puede decir que todos hemos sentido miedo de algo o por algo, en nuestra infancia (¿quién no ha dormido alguna vez con una luz encendida?), pero cuando los padres detectan que ese miedo de su hijo es muy intenso, incluso llega a convertirse en un verdadero pavor, es aconsejable la visita al especialista.



Antonio de 8 años me contaba que, de vez en cuando, pide a su madre que le deje encendida la luz del pasillo.
Los padres de Alejandra de 7 años, me decían que siempre que hay truenos por la noche, tienen que hacerle un hueco en medio de los dos, pues le falta tiempo para venir corriendo a la cama de sus padres.

La timidez en sí no es un motivo de preocupación, igual que en las personas adultas, hay niños a los que cuesta más relacionarse con los demás. Quien no se ha refugiado detrás de su madre, al encontrase con una vecina.

El problema surge ante una timidez excesiva, que provoca un aislamiento del niño, que puede ser traumático. Los síntomas son variados, pero suele darse: un mutismo para hablar ante personas poco conocidas (a las desconocidas ni las mira), ansiedad que provoca rechazo y a veces la huida, miedo al ridículo, etc.

Según los expertos la timidez puede deberse a factores temperamentales, en otros a casos a una educación excesivamente restrictiva y rígida, pero también puede surgir ante una gran decepción o frustación (muerte de algún ser muy querido).

Alberto de 9 años, durante los recreos del colegio, se quedaba apoyado en la pared, mientras todos sus compañeros jugaban.



CONSEJOS FINALES PARA LOS PADRES

Procurar tener en casa un ambiente estable, no hay nada que dé más tranquilidad emocional a un hijo que la estabilidad y seguridad de sus padres.
Vivid un mínimo de normas familiares, así como un horario: hora de comidas, de estudio, de juegos, de ver programas de televisión, etc., con la flexibilidad propia de un hogar.
Hablad con frecuencia con sus profesores, para que os vaya informando de sus comportamiento en el colegio. Pedidle planes de acción concretos y sugeridles planes a ellos.
Cuando observéis durante un cierto periodo de tiempo que el hijo no está a gusto en el colegio y las notas son malas, algo pasa.
Hablad mucho con vuestros hijos, en muchos casos el problema se detecta antes de producirse.

LIBERTAD DE ENSEÑANZA

A estas alturas del siglo XXI, nadie se opone a un derecho fundamental, como es el de la libertad de enseñanza, pero una cosa es la nula oposición teórica y otra cosa es la oposición “práctica”, que algunos están intentando ejercer en España.

Para entender esto mejor se pueden poner algunos ejemplos: podemos hablar del derecho a la libertad de información, pero si hay un monopolio periodístico, la realidad práctica es que no existe tal derecho, o hablar del derecho de pertenecer a cualquier sindicato, pero si sólo existiera uno, ese derecho no podría ejercerse, o a pertenecer a cualquier asociación cultural, pero si no se permite la creación de ninguna, tampoco podríamos ejercer ese derecho. Pues algo parecido se quiere hacer con la libertad de enseñanza, y para ello algunos plantean una absurda confrontación entre escuela pública y escuela privada.

Según la Declaración Universal de Derechos Humanos, en el párrafo 3 del articulo 26, dice: “Los padres tendrán derecho preferente a escoger el tipo de educación que habrá de darse a sus hijos”.

Pero la libertad de enseñanza es mucho más, no sólo es la libertad de elección por parte de los padres, también es la posibilidad de crear y dirigir centros educativos, facilitar un verdadero pluralismo educativo, fomentar proyectos pedagógicos propios (tanto en centros públicos como privados), además el Estado debe velar para haya coherencia entre el proyecto educativo y su aplicación, asegurando a los padres una información transparente y objetiva que posibilite la elección.

Por esto el Estado Español, a través de las Comunidades Autónomas, no debe sólo admitir teóricamente la libertad educativa, sino que debe promover en la práctica las debidas condiciones que permitan el verdadero disfrute por parte de todos de este derecho.

Hoy día existen en el mundo diversas fórmulas para la financiación de la enseñanza, pero posiblemente no sean las únicas y en un futuro surjan algunas más. En España junto con la financiación de la escuela pública, se emplean los conciertos educativos para la escuela privada, pero en muchos casos no deja de ser “un caramelo envenenado” para los colegios concertados, pues su coste es sensiblemente menor al de los colegios públicos, es decir que un colegio concertado debe hacer frente a los gastos producidos por su función docente, con menos ingresos, lo cual indica que el Estado financia su propia oferta educativa pero no financia la demanda, que en el fondo marca las necesidades reales.



Según estudios realizados con rigor y profesionalidad, fuera de toda implicación ideológica, indican que los países que tienen mayor libertad de enseñanza, suelen tener un mayor nivel académico y unos resultados notables en el grado de instrucción pedagógica, con la contrapartida de no ser los que mayor porcentaje del PIB dedican a la enseñanza, por lo que se puede afirmar que la calidad de enseñanza de un país no tiene una relación directa con el gasto que dedican a este fin.

Algunos países como Cuba, Vietnam y China no permiten la enseñanza privada (pero ya se sabe que no sólo carecen de libertad de enseñanza, sino de muchas más libertades), mientras que los países del norte de Europa, son los que tienen mayor libertad de enseñanza, alguno de los cuales como Suecia, Inglaterra, etc., (además de Estados Unidos) desde hace unos cuantos años están promoviendo escuelas separadas, es decir colegios sólo para varones o solo para mujeres, pues son conscientes de los mejores resultados académicos conseguidos, en las edades de 13 a 16 años, donde la diferencia de 2 años en la madurez, tanto física, afectiva como cognoscitiva de las chicas con respecto a los chicos, influye notablemente en los resultados académicos de todos, y estos datos son incuestionables, pues la realidad se impone a cualquier otra divergencia en esta cuestión. Por cierto, nadie diría a ningún representante político de estos países con tanta tradición democrática, que su postura es “discriminatoria”.

De acuerdo al hecho demostrado por las investigaciones pedagógicas, que no todos los alumnos poseen las mismas características y aptitudes intelectuales, lleva a los especialistas en pedagogía a afirmar la conveniencia que existan diversas pedagogías que tengan en cuenta lo específico de las necesidades de cada uno, y esto se debe plasmar en el establecimiento de una libertad de enseñanza que recoja esa variedad de necesidades, permitiendo a los padres la elección entre un colegio público o privado según sus convicciones y sin discriminación económica, y quienes se oponen a esto demuestran una actitud sectaria y antidemocrática.